Me gustan las fiestas. He sido festera desde que nací y, aunque actualmente, por circunstancias ajenas a mi voluntad, no ejerzo como tal, llevo las fiestas conmigo, dentro de mí, allá a donde vaya. Si mañana mismo me pudiera reenganchar a la vida festera, seguramente no me parecería que hubiese pasado tanto tiempo…
Sin embargo, todo lo bueno tiene su lado oscuro y de éste es del que quiero escribir hoy. La gente sale y se divierte, pero ¿desde cuándo la diversión es sinónimo de gamberrismo y falta de respeto hacia los demás? ¿desde cuándo el incivismo y el comportarse como guarros y guarras está relacionado con pasarlo bien? ¿cómo pretendemos transmitir una imagen de la ciudad y de las fiestas llena de glamour, de estilo y clase cuando realmente lo que mostramos es que Villena en fiestas se convierte en la Ciudad sin ley ?
Pues eso es lo que ocurre, el lado oscuro actúa y las consecuencias se pueden apreciar cada mañana al compás marcado por las bandas de música que desfilan en la diana: filas de coches con el espejo retrovisor en … (¡¡a tomar por culo!!) … ¡vaya usted a saber!… y encima dando gracias que no te han destrozado nada más; las aceras llenas de botellas rotas, que da miedo pasar si no llevas botas de militar; suciedad a más no poder (¡¡señores y señoras, que las papeleras y los contenedores no los quitan por fiestas!!) y si no, que se lo digan a los chicos y chicas de la empresa de limpieza, que ellos hacen su trabajo lo mejor que pueden (desde aquí, ¡enhorabuena!), pero milagros…Milagros a esas horas estará durmiendo la borrachera…
Luego, está también el tema de los … (putos) … petardos. Continuamente, pang. No puedes echarte pang una cabezada en el pang sofá del salón, no puedes salir pang tranquilamente a dar una pang vuelta (estás todo pang el paseo en tensión pang y dando botes pang cada dos por pang tres). Lo peor de este asunto es cuando el individuo que manipula el … (puto) … petardo es un niño/a maleducado o un adulto imbécil…ahí la situación se convierte en un fuego a discreción (al antojo o voluntad de uno, sin tasa ni limitación); en ese momento, tú vas por la calle y de repente, por el rabillo del ojo, ves a un chaval que tira un petardo cerca de tus pies… ¡el bote que das es de récord en las olimpiadas!… Señores papás y señoras mamás, ¿sabeis realmente los peligros a los que se exponen vuestros hijos e hijas cuando les comprais o les dais dinero para petardos? ¿sabeis realmente los peligros a los que están exponiendo al resto de personas que circulan por la calle? Creo que el Ayuntamiento, ya que por lo visto no puede (o no quiere) prohibir su utilización, se tendría que poner las pilas en este asunto y informar a padres y madres de los riesgos y del uso adecuado para la prevención de accidentes, así como hacer algún tipo de campaña escolar… pero en castellano, por favor, que en inglés sonaría a chiste… Pero claro, por qué invertir en seguridad ciudadana pudiendo pagar una corrida de toros (más barbarie para las fiestas)… no entraré en este tema, pero ahí queda eso…
De verdad que cuando pienso todo esto, el ánimo festero me decae y me avergüenzo de las fiestas de mi pueblo. Así que, como veis, vivo con el alma partida en dos: una parte desearía poder disfrutar de esos cinco días en que el pueblo se transforma en camaradería, colegueo, sonrisas y alegría (no es una falsedad, realmente la gente se siente muy bien); la otra, desea no participar o participar lo mínimo en esos cinco días en que el pueblo se transforma en una batalla campal e intenta por todos los medios salir huyendo al grito de ¡sálvese quien pueda!
Conciliar estas dos partes, por desgracia, no depende sólo de mí…

